11/11/08

De la publicidad privada no se habla

Los principales medios de comunicación suelen criticar a todos los gobiernos el manejo discrecional del reparto de la publicidad oficial. Visto rápidamente, parece un reclamo más o menos justo, comprensible. Y, que recuerde, no suele tener mayores reparos de parte de la intelectualidad crítica, generalmente atenta a la actuación de los grandes medios. Es como si, en este tema, se le “concediera” a la prensa una suerte de razón o legitimidad inicial para el pataleo.
Debe ser porque la tradición (tanto del manejo de la publicidad oficial como de su crítica) supera a todos los tiempos, los medios y los gobiernos.
Sin embargo, me animo a pensar que el reclamo es válido sólo en contadas ocasiones y para cierto tipo de medios.
En general, los que más reclaman equidad en la pauta, son los medios que más poder y más publicidades suelen tener. Y no lo hacen desde una defensa de la libre opinión, sino desde un posicionamiento estrictamente empresarial, mientras tantean en sus bolsillos la navaja política.
En realidad, sabemos bien que no es la equidad lo que quieren. Quieren plata. No es la libertad de prensa lo que les importa: quieren imponer agenda sin dejar de ganar.
Si quisieran equidad ¿por qué no proponen licitar mensualmente las pautas publicitarias, con “registro público de proveedores” y todo? Que el Estado decida, de acuerdo a sus necesidades de difusión (de campañas de salud o educación, por ejemplo) un presupuesto para el mes (o bimestre, lo que sea). Y se elija el mejor precio de publicación, o bien que se sorteen periódicamente los medios en los cuales publicar (Como sea... estoy dando un ejemplo cualquiera, pueden haber miles). Esto desterraría la macabra y eterna idea de sojuzgamiento del periodismo de parte del Estado.
Y de ninguna manera sería una medida imposible de realizar. Solo es cuestión de organización. Obviamente no les conviene. Sería demasiado republicanismo, y los llevaría a ahogarse en su propio vómito, con perdón de la expresión.
La arista engañosa del reclamo es el latiguillo de la “compra de voluntades” a través de la pauta publicitaria. Hacen a un lado un detalle importante: los medios privados pueden criticar públicamente al Estado sobre este tema, con grandes titulares y sesudos comentarios. Pero no lo pueden hacer con las empresas privadas, que obviamente publicitan con doble motivo: la difusión de su nombre o productos y la “amistad” del medio. (Hablo de los grandes auspiciantes, que como los grandes medios, están formados por empresas que tienen gravitación en la historia política del país y Latinoamérica).
Y sin embargo, los Macarras de la Moral, que tanto se llenan la boca pidiendo a la vez libertad de conciencia y pauta publicitaria, no dicen nada sobre las “coerciones silenciosas”. (Pienso en las AFJP, las empresas agrícolas, los bancos en el 2001, las telefónicas, las trasnacionales, etc.)
Alguno dirá: “se trata del Estado, nada menos” Es verdad. ¿Pero, no es igual de grave que un conjunto de empresas privadas condicionen a la prensa, y por lo tanto la opinión de un lector o espectador?
Entonces vemos que, en realidad, el poder de presión sobre la prensa, es tanto privado como estatal. Y, peor aún, los medios hasta pueden reclamarle públicamente al Estado, pueden presionar (lo hacen) a sus interlocutores en sus páginas y minutos, y nadie los acusa de chantaje. Esto no lo hacen con los privados.
El conflicto agrario fue un ejemplo de que no es con la gran publicidad estatal cuando más se autocensura el medio, sino con la publicidad privada. Los medios más importantes cerraron filas con el agro todos los días, a cada minuto, mientras conservaban las publicidades oficiales y privadas.
¿Los gobiernos tienen una “deuda moral” histórica en el manejo de la publicidad oficial? Es tan ridículo negarlo como fácil levantar esa bandera.
Pero también es ridículo creerse periodista serio e independiente agitando exclusivamente esa bandera, y callándose la boca sobre la influencia del sector privado en la agenda política de los medios. De la pauta privada no se habla; esa es otra “deuda moral” que buena parte del periodismo tiene consigo mismo y con la gente.

2 comentarios:

gal dijo...

Que cierto!! de la publicida privada, de esos negocios y de la posiblidad que dejan para comprar o silenciar opiniones... no se habla... http://registromundo.blogspot.com/2008/05/por-qu-renunci-clarn-otro-captulo-sobre.html como tampocó se habló de aquellos que sabiendo tenian intereses personales se sentaron a votar en el Congreso el proyecto de la 125... No tendrian que haberse abstenido?? http://registromundo.blogspot.com/2008/07/uno-de-cada-seis-legisladores-tiene.html Esos votos son validos??

Y los de los medios envueltos en la disputa y de sus intereses en juego... solo se habló en algunos diarios: http://registromundo.blogspot.com/2008/05/intereses-comunes-clarin-y-la-nacin.html y http://registromundo.blogspot.com/2008/05/actores-ocultos-aapresid-monsanto-el.html

Y después aparecen notas como estas: http://registromundo.blogspot.com/2008/10/el-silencio-veces-es-salud-quien-lo.html

http://registromundo.blogspot.com/2008/10/matas-longoni-horacio-verbitsky-me.html

( Incluyo los links de referencia para quien quiera cotejar la distancia entre el dicho y el hecho...)

Parece que para algunos es mejor, no hablar de ciertas cosas, no???

Saludos
Gal

_Ariel_ dijo...

Gal, muy buenos los aportes, los lei todos. Me hizo reir mucho lo de Longoni, se le salo la cadena en esos meses jodidos. A proposito del post, uno a veces generaliza desde la bronca que le da ver tanta hipocresia. Ver de parte de los Macarras tanta liviandad para llegar a la gente con la palabra y el analisis mas facil. La critica es mas hacia ellos (y su contraparte en los contratos), porque ellos tienen la libertad que muchos redactores en relacion de dependencia no tienen. Igual yo no pierdo las esperanzas, veo que hay periodistas que se animan a ciertas cosas. Recien vengo de la libreria, de comprar "La Noble Ernestina", de Pablo Llonto. En estos días lo voy a leer y seguramente algo vamos a robar para ayudar a difundir. Ese libro hace algunos años, era impensable.
Un abrazo.