
Es hora de que Cristina Fernández tenga su programa de radio.
Es una sana costumbre que actualmente sostienen presidentes como
Chávez y
Correa, pero en la Argentina no se tiene en cuenta. Y, pienso, es una gran alternativa para dar a conocer sin intermediarios, ni extractos, ni entrecomillados, la visión de la autoridad máxima de un país sobre diversos temas, que no necesariamente deben ser los impuestos por agenda mediática.
Es también un arma de doble filo, como todo uso de la palabra. Pero CFK ha demostrado en sus discursos ser una de las figuras políticas con más consistencia oratoria. Lo triste es que esa circunstancia no siempre se deja ver, en parte por defectos oficiales a la hora de comunicar, pero también por esa costumbre clasemediera, fogoneada por decenas de periodistas, famosos o no, de ocuparse más de los modales que de los contenidos.
Esta hipocresía tiene su utilidad política, que es la de negar los debates en beneficio de la exaltación de la postura y la eficacia de las frases bien puestas.
No hace falta más de dos dedos de frente y un poco de buena leche para advertir que CFK tiene mucho por decir, siempre. Y que le gusta mechar en sus discursos masivos, temas profundos. Pero los actos tienen sus limitaciones propias, como las tienen las entrevistas o conferencias: la chicana, el título fácil y vendedor, la discusión berreta, son las preferencias de los medios (convite que la dirigencia política suele aceptar), porque de eso viven. No van a buscar un análisis sobre las razones de la pobreza (aunque lo pregunten y aparenten tal interés), sólo buscan noticias, entendidas como un producto al que deben sacarle el mejor provecho económico y político.
No importa si en una entrevista se hace referencia al proceso histórico de la desocupación, lo que el medio destacará será otra cosa, más directa, más efectiva, más digerible, más vendible. Y ante ese sistema periodístico, creado y financiado por las democracias liberales, es saludable buscar alternativas de comunicación. Claro: cuando hay cosas para decir, y se sabe decirlas. (Pienso en De la Rúa y sus horas radiales con los jubilados)
CFK tiene condiciones políticas e intelectuales para sostener un programa radial de una hora semanal, dirigido (¿por qué no?) a los sectores más mediatizados. Igualmente, aunque no lo quiera, serán sus oyentes. Pero antes que nada, debería encararlo para decir lo que siente, y con una fuerte carga ideológica.
Hay un montón de funcionarios y técnicos que esperan entrevistas que nunca llegan de parte de los medios
preocupados por el futuro del país: la gente del Balseiro, del INVAP, del INTA, del INTI, de Cultura, del Conicet y otros que cuecen el estofado del desarrollo que quiere ser el sostén del país. Imagínenlos, por ejemplo, siendo entrevistados por la presidenta en su programa.
Después, que los medios hagan su juego. Si las ideas y decisiones políticas se explican bien, la diferencia entre
periodismo y
tráfico de intereses empieza a ser más comprensible para todos.