28/8/09

A pasear las sábanas

En una nota de Luciana Geuna en Crítica, se describe el por qué de la pirotecnia verbal y la presión sobre los legisladores que ejercerá Clarín en estos días.

Hacia el final de la nota, que con buen tino titula "Un golpe al corazón del poder multimediático", dice:

"El nuevo panorama también suma nuevos jugadores. Los licenciatarios de servicios públicos pueden participar de los servicios de radiodifusión, un derecho que ahora está prohibido. De esta manera, las telefónicas podrán entrar al mercado del triple play, habilitando que una misma empresa ofrezca televisión, internet y telefonía. Este punto es uno de los más criticados por la oposición porque, a pesar de que el proyecto establece controles, nadie puede garantizar que los gobiernos de turno no se conviertan en ejecutores de presión sobre compañías que presten servicios públicos –por ende dependen de la relación con el Estado– y que además tengan un canal de televisión. La disputa acaba de empezar."

Una verdad y una proyección, a medias. La historia de Clarín, que no es concesionaria de ningún servicio público, transforma en una perogrullada ese miedo. La presencia de nuevos actores y la aprobación de un proyecto que es un "golpe a los poderes multimediáticos", directamente lo fulmina.

Pero también, y esto no se dice, el proyecto se hace eco del ingreso de las cooperativas de servicios (telefónicas o eléctricas, las más poderosas) a la prestación de servicios audiovisuales por cable. Abre una puerta grande a estas entidades, pero contemplando además el miedo de los pequeños cableros privados de los pueblos, que ante la incursión de una cooperativa en el cable, desaparecerían.

Es decir, contempla un pedido histórico de estas entidades, que son las únicas capaces de poner un freno a las multinacionales o grandes firmas privadas nacionales, y a la vez manda a análisis situaciones en las que, el carácter de prestadora de servicios de la cooperativa interesada (y por lo tanto dueña de una infraestructura importante), haría poner en riesgo a los cableros chicos.

Por otra parte, en más de una ocasión, se libra a las entidades sin fines de lucro de los requisitos que se le piden a las prestatarias privadas de los servicios públicos. O sea: si lo hubiera hecho Alfonsín, se le aplaudiría la gran muñeca democrática. Pero lo hacen "los KK"; entonces si no hay mierda, hay que buscarla en la letra no escrita.