
La inseguridad de Nicole Neumann no moviliza nuestros sentimientos. Una pena, pero qué se puede esperar de este país de cuarta…
Hablando en serio, ¿no notan que “la agenda”, concebida como un conjunto de pocos temas sobre los cuales giran las palabras, posturas e interpelaciones de la dirigencia política y los medios, está haciendo aguas? Si bien es cierto que viene herida desde el tratamiento de la ley de medios, también hay que destacar en estas últimas semanas el viraje hacia temas inconcebibles en otras épocas. Y lo que es más interesante aún, el conjunto de (¿4, 5?) medios que por costumbre barajaban los temas de la semana, no logran imponer durante más de dos días otras líneas de debate.
Es que este año no hay, como en anteriores, un universo de dirigentes opositores dispuestos a la batalla del seguidismo temático que otrora imponían con mucha más facilidad los grandes medios. Aunque quieran, no da.
Uno de los problemas es que el gran promotor de agenda diaria, el Grupo Clarín, ha quedado sin fuerzas en sus humos. Es evidente. Por el protagonismo de un gobierno que lucha, sí; pero también por errores graves. Errores forzados por el proceso histórico, es verdad; pero errores que se podrían haber disimulado.
El primer gran error forzado del Grupo Clarín es no haber accionado con la frialdad de grupo económico hacia adentro de su estructura. Se aferró a un simbolismo que, se sabía, poseía un Talón de Aquiles enorme y a la vista de todos: Ernestina Herrera de Noble.
Pongámonos un rato en la piel de estos tipos. Les interesa la plata y sostener el poder simbólico y fáctico de generar más plata.¿Es imprescindible la señora o lo que queda de su imagen histórica para tal fin? ¿Acaso era su apellido heredado lo que habría puertas y cerraba negocios? No. ¿No deberían haber convencido a la señora, hace unos años, que diera un paso al costado? No me refiero al “descanso”. Hablo del alejamiento total.
Sigamos con su mentalidad: no pudieron, no supieron o no quisieron calcular que una época de Clarín se estaba agotando, y que esa época contenía un talón de Aquiles, una tremenda basura guardada debajo de la alfombra durante tantos años, que en algún momento iba formar parte de la agenda. Como buenos buitres que son, deberían haberse preparado mejor para el día inexorable, reformulando su estructura pero sobre todo deshaciéndose de un pasado que, para cualquier grupo que coquetea con códigos parecidos a los de la mafia, no debe permitirse a sí mismo flancos débiles.
Pero la sensación de omnipotencia pudo más, y las ganas de aferrarse a ese símbolo histórico del Grupo para hacer de un asunto legal y político una cuestión de prensa, encandilaron la mente fría de los negocios. Entonces las balas no van al hombro o a las piernas del Grupo, sino al corazón. Porque el símbolo, Ernestina, está en el centro; y su asunto es el asunto del Grupo. Por lo tanto, es y será un entripado del periodismo argentino. Fue el periodismo argentino el que quiso que esto sea así.
No se si es cierta aquella charla que se comenta hubo entre Magnetto y Chacho Álvarez, en la que el primero le recordaba al segundo quién detentaba el poder en el país. Lo que importa es que la charla existe aunque sea como verdad poética, y con eso alcanza.
Y como las verdades poéticas también juegan, hay que señalar que la gente del Grupo seguramente no leyó o no quiso entender a Borges cuando decía que hasta Dios tal vez sea prisionero de una trama que termina en el movimiento de las piezas de ajedrez:
Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.
No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.
También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y blancos días.
Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?Si creés que los demás son piezas de ajedrez, y que nadie es capaz de moverte a vos como si vos también lo fueras, estás frito. Porque no hace falta el arbitrio de un hombre todopoderoso para que te veas adentro del tablero. La historia de los derechos humanos en la Argentina es demasiado densa, paciente, constante y movilizadora, como para creer que se puede silenciar indefinidamente. Y si a esa historia se le agrega un proceso político que acompañe (lo cual era inexorable más allá de nombres, porque no olvidemos que en pleno derrape argentino, en el 2001, el chanta de Rodríguez Saá manoteó la legitimación institucional de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo: arengarlas en su discurso en el Congreso, además de las reales intenciones del fugaz presidente, evidenciaba hasta qué punto ese rescate era una necesidad de las instituciones en crisis antes que una apropiación de un gobierno, como histéricamente afirman algunos ahora) sólo la sensación de impunidad puede hacer que no la veas venir.
El otro gran error forzado del Grupo está más emparentado con su costado periodístico. La decisión editorial de arremeter contra el gobierno nacional en una serie de portadas argumentalmente insostenibles desde el oficio, sólo llevó al bastardeo de su propia capacidad de imponer agenda. Hasta cierto punto, mientras la novedad de sus furibundos titulares deparaba cierta sorpresa o asombro, lo acompañaron unos pocos. Paulatinamente, a medida que el desmadre de sus tapas se hacía tan alevoso que daba vergüenza ajena repetirlas sin hacer comentarios, le fueron soltando la mano.
No hablo tanto de otros grandes medios como de ciertos dirigentes políticos que, apenas unos meses atrás, se envalentonaban en un firme posicionamiento en la batalla. ¿adónde están las dulces palabras de Silvana Giúdice, Fernando Inglesias o hasta Lilita Carrió, repitiendo a lo ancho del dial la receta periodística de la jornada?¿Adónde está la época en la que a algunos políticos le bastaban 10 minutos de charla con radio Mitre a las 7 de la mañana para que se hablara de “sus” temas durante todo el día en todo el país?
La necesidad se le adelantó a una ley de medios que aún no puede aplicarse. Ante semejante perspectiva, si la agenda va a quedar en manos de improvisados como el grupo Perfil, o demasiado sofisticados e ideologizados como La Nación, el sentimiento de orfandad de la oposición política será un espectáculo digno de ver, aunque ella también resulte beneficiada con el paso del tiempo. Porque es toda la política la que saldrá fortalecida en un periodismo de mafias menguadas.
El proceso que comenzó con la 125 y luego siguió con el debate de la ley de medios, animó a buena parte de la dirigencia a no tener tanto miedo a la hora de plantear ciertos temas o asumir (o no obligarse a asumir) determinados posicionamientos. Y las tapas históricas de Clarín demostraron, como ya habíamos comparado en anteriores posts, que debajo de las sábanas que agitaba el Grupo para asustar a los chicos malos de la política que no querían tomar la sopa, asomaban las patitas del abuelo.