2/2/10

Nosotros, los mudos



He cometido el peor de los pecados: intenté ver una película acompañado de tres o más personas. Confirmado, no se puede. Es que hay gente que delante de sus ojos se ve a sí misma. Ponen su vida entre sus pestañas y el mundo. Entonces, todo lo que puede constituirse en observación general, pasa por el tamiz de su experiencia personal y sale hecho palabras.

En el acto de mover la lengua para decir “eso mismo me pasó a mi”, en un momento destinado a contemplar lo que le sucede a otros, se esconde la triste manía de no saber ver lo que se ve, ni escuchar lo que se escucha. Tal vez hay en los periodistas (no en todos, pero debería ser así) una capacidad para las ausencias personales que le hacen bien al oficio, y por eso es uno de sus pilares. Sobre todo en el género de la entrevista, cuyo extremo podríamos recordarlo en Jesús Quintero y "El perro verde". Un poco de esa capacidad debería tener aquella señora que en una mesa en la que se habla de situaciones generales, personaliza toda cosmovisión al punto de prostituir el significado de la parte donde dice “cosmo”.

Uno no puede ver en cada anécdota, en cada escena, en cada voz, en cada foto observadas, algún rastro de su pasado. Digo que es posible dejar que sucedan haciendo silencio, y limitarse a ver el arte o el testimonio ajeno como eso: algo que otro tipo hizo y vuelve público para que uno lo aprecie y se calle. Al menos un rato.

Cuando veo una película en el cine o en casa, lo que mejor hago es callarme, porque entiendo que es el mínimo aporte que uno debe hacer como espectador. Y no digo callarme al punto de no ofrecer una cerveza, sino comprender que a nadie de quienes me rodean en ese momento le importa un rábano qué opino sobre la película o si encontré en algunas de sus escenas ciertos parecidos con experiencias propias. No le importa a nadie y está bien que sea así. Pero para mucha gente no está claro.

Entonces uno se encuentra en mitad de una película con que en realidad está viendo dos al mismo tiempo. Y que una es visualmente existente y la otra oralmente insoportable. No es de tipos raros o renegados hacer silencio frente a una película. Raro es el que ve guiños personales en el arte ajeno (eso no sería tan malo) y encima lo comenta (es esto lo jodido).

-“je… a que no sabes a quien me hace acordar el divorciado este”.
-¿Y a mi que me importa a quién te hace acordar? Vine a ver a la divorciada/o de la peli, no a tus divorciadas/os.

En otra época, cuando éramos -más- libres, con un amigo solíamos ir seguido al cine. Entrábamos y ni nos dirigíamos la palabra. Más de una vez, sobre todo si la película resultaba buena, me sorprendía al prenderse las luces recordar que había gente amiga al lado. El extremo de la contemplación silenciosa fue una noche en la que pasaron una de las películas más aburridas que he visto en mi vida. Se llama “El secreto de un poeta”, o algo así. Un film en el que no pasa nada, ni bueno ni malo. Nada. Cuando terminó, me dice mi amigo “en un momento estuve a punto de levantarme y huir, pero como te vi tan concentrado pensé ‘uhhh…a este boludo le gusta’...” A lo que respondí: “salame, yo pensé lo mismo”.

En fin, es el riesgo por estar ausente, por decidir borrarse al considerar que lo importante, en ese momento, es lo que se contempla. Si el precio es tragarse un bodrio cada varias películas, lo pago con gusto. Son gajes del oficio de observar, sin decir ni mú.

6 comentarios:

Geraldinho dijo...

Esto tiene que ver también con que mucha gente se lleva a las patadas con la abstracción. Son los tipos a los que si alguien les dice, por ejemplo, "qué terribles son las guerras", contestan "uh, sí... mi bisabuelo estuvo en la guerra".

Matías dijo...

Se puede hacer algún comentario apreciativo, no necesariamente asociativo, que permita que el otro esté enterado si a vos te parece una porquería la película, y así evitar esa situación que contás. La cosa es no agotar el handicap de tolerancia que el otro te tendría. Tanto como a vos te revienta el que habla en una película, a mi me da por las bolas que alguien se tense porque vos hablas y no le prestás un respeto sacro al Dios celuloide. Conocí gente al lado de la que no podías servirte un vaso de agua porque molestabas; tenía que estar todo el ambiente inmóvil. Y lo justificaba todo con argumentos similares. Yo diría que si alguien está tan pendiente del ambiente en realidad no está tan atento a la película.

En definitiva, concuerdo con vos pero con matices. Ir al cine con alguien para negar esa compañía no se entiende demasiado. Yo me limitaría a decir que hay que saber elegir con quién ir. Yo con mi mejor amigo no puedo ir a ver nada muy profundo, por ejemplo.

paula dijo...

Hay gente que se pone a hablar durante las películas? Mirá vos, no conozco. Será que cuando me han dirigido una palabra en el cine mi mirada enfurecida no los dejó emitir la segunda.
Shhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh

_Ariel_ dijo...

Geral, a eso iba.

Matias, entiendo el punto. Te estas atajando porque sos de los que hablan y hablan... caiste!!!. Te tenemos rodeado

;)

Y si, los rayes de los fanaticos son siempre peores. Por eso uno se rodea de los rayes que menciono en el post, que tal vez sean mas parecidos a los nuestros. Al fin y al cabo uno putea por haber intentado ver una peli.... con las mismas personas queridas con las que sucedio lo mismo hace unos meses.


paula: jjajaja me imagino el esfuerzo que tendras que hacer para que se te note bien la cara, en plena oscuridad. El dia que no funcione, pegales un buen codazo.


salute

DiarioFisgón dijo...

Pero peor que todo eso, es los que no entienden lo que pasa. Y encima te lo preguntan. Muy buena la idea de la nota y muy buena la nota en sí. Saludos.

_Ariel_ dijo...

gracias muchachos de El Fisgon. Si, eso es peor. Igual creo que una vez se le puede intentar explicar (sobre todo si la compañía está buena)