
Voy a meter la pata, pero sé que para eso están los blogs. Es que tengo más ganas de comentar Avatar que de volver a ver Apocalypse Now para refrescar detalles. Es decir, debería volver a ver A.N., porque Cameron acaba de tirarle unas cuantas ondas a la distancia, taquilleras, tunizadas y de fácil entendimiento, porque estas son para los chicos y sólo buscan vender.
Muchas cosas se han dicho por ahí de Avatar, y la verdad es que la que menos me interesa es la que tiene que ver con lo artístico. El laburo de los diseñadores es buenísimo, también será el del director, no lo sé. Pero cuando las películas son masivas trato de no empantanarme en esa espesura del buen arte. En todo caso la dejo para las pequeñas películas enormes, que las hay y son varias, por suerte. En los casos como el de Avatar me pongo a ver otras cosas, como honroso miembro de la gilada que soy.
Y la verdad es que si nos van a dar lata prefiero que nos den esto, antes que Disney. A ver si me explico: si una industria se llena de guita con las Macintosh al palo (Avatar, Titanic, etc) no es una mala noticia que el mensaje que viene en su producto, el que acabás de ver, sea que
está muy bien, chicos, traicionar al poderoso ejército ocupador, ese que en todos los films que han visto hasta ahora, chicos, peleaba contra terroristas barbudos o naves extraterrestres invasoras, para liberar al mundo bueno. Ese mismo ejército, nene, destroza a la gente que te cae bien.Tal vez por eso, por la simpleza del cuento (un detractor del film diría, con razón: por negarse a la complejidad, por la supremacía de lo lineal) Cameron nos escamoteó bastante la banderita de las estrellas. No recuerdo haberla visto, pero él y nosotros sabemos que estuvo presente en toda la peli, no? Ni hacía falta que la pusiera, como hacen todos, dibujada en las naves. Además, Cameron no es Coppola.
Y Avatar no es Apocalypse Now, es obvio. En todo caso es su versión de juguete y con final de taquilla. Pero no nos encerremos: el facho de Avatar, que en pleno ataque está tomando café en la nave, es un (mediocre, si lo preferís así) rescate del recordado Robert Duvall y su paseo entre las bombas. La toma es una desubicación hecha adrede.
También es verdad que el muchacho lindo y bueno de Avatar puede ser en la realidad el pibe que le compre los cigarros a los Brando, pero… les arma un flor de quilombito, no? Y encima le clava un puñal a un superior. Eso no se le hace a un marine que se corta el pelo como los que daban conferencias con Bush.
En fin, que vi Avatar y me acordé del fuego de Apocalypse y de esas apariciones selváticas de los helicópteros, bombardeando aldeas. En algunas ampulosas escenas (que para eso están, porque no quieren más que vender) me acordé del napalm, de la jungla vietnamita y de unos locos que parecían muy fumados, pero muy peligrosos a la vez, de rituales extraños… Recordé también al coronel Kurtz haciéndose adorar por los nativos.
Si es inexorable que la industria del cine sea brutalmente masiva mientras baja línea, tal vez sea mejor que lo haga tirándole centros a gente como Cóppola y clavándole flechas a militares rapados.
Pero no desvariemos, que Avatar apenas llega a los tobillos de Apocalypse Now. Y eso que los pitufos, por una vez, son altos.