Entre los cambios que para bien o para mal ha sufrido el periodismo en los últimos años, hay uno que es más difícil percibir y que, me parece, resultó fundamental en la transformación de los medios (grandes y chicos) en unidades de negocio con certera influencia en la construcción de la realidad.
Uno de los pilares de la información es su chequeo previo. Décadas atrás, en cualquier redacción sucedía más o menos lo siguiente: se conocía un dato sobre alguien o algo, se cotejaban varias fuentes y se publicaba. El asunto está resumido pero la onda era esa.
La noticia era tratada como tal, como información que partía de un hecho que el medio presumía de interés para el público. Y un medio, que vive de eso, no ofrecía el “producto de su venta” (el sustento de sus dueños y empleados) hasta que esa noticia no aparecía, totalmente chequeada, rodeada o no de publicidades.
Es decir, el hecho comercial que se originaba en ese “dato” que se conocía en la redacción, solo era tal cuando se publicaba. Y sólo se publicaba cuando no había prácticamente posibilidad de refutación o error.
Con el tiempo se ha descubierto una oportunidad de negocio en el medio de ese proceso.
Entre el origen del hecho "noticiable" y su publicación una vez chequeada la información, apareció una costumbre siniestra para la compresión de la realidad pero muy útil para la competitividad de todo medio: dejar de lado el chequeo total del dato, o limitarlo hasta donde pueda evitarse el umbral del papelón o el juicio por calumnias.
Una anécdota que un periodista amigo me contó lo va a ilustrar mejor. Llega el dato a la redacción. Algún periodista dijo que había chequeado ese dato, pero que le faltaban detalles. Desde más arriba dijeron: “lo publicamos y que salgan a desmentirlo”.
Esa es la onda que se impuso en los medios. La publicación (no sin recaudos) de un hecho todavía plausible de ser considerado simple rumor, es decir inexistente, o con detalles a cotejar.
¿Por qué jugar con este “riesgo”? Muy simple. Volvemos al proceso: ¿qué pasa si esa información se coteja tanto que se “cae” sin ser publicada? El lector o un periodista anticuado dirá:
“es lógico, si no se pudo chequear o si el chequeo total lleva a su no publicación, no hay por qué publicarlo”. El medio, al que le interesa vender, dirá:
“me quedo sin un hecho comercial, sin un producto; prefiero publicarlo con las precauciones del caso y haciendo lugar al derecho a réplica o incluso a otra información descartando la versión inicial”. O sea: de contar con “cero” posibilidad de hecho comercial (no publicar nada), pasa a contar con varias posibilidades de noticias (mercancía a ofrecer, bah).
El medio ya no publica noticias; publica el proceso de la noticia (las vísceras) y comercializa con él.
El único que pierde es el público. La realidad que se le vende no necesita ser "tan así", está apenas chequeada y en el mejor de los casos se procesa a su vista. En el peor, el final de ese proceso no llega o llega demasiado tarde para un cerebro bombardeado. Pero no importa, igual “existe”, por que se “nombra”, se habla de ella.
Los medios, entendidos como se entienden, lograron algo maravilloso:
que nombrar algo no real, no sea considerado mentira.No quiero meterme en un lío inexplicable, pero me animo a opinar que hay una equivalencia entre esta forma de tratar la información y el manejo de las finanzas que alentó el neoliberalismo durante 30 años hasta terminar en esta crisis: se obvió la economía real, porque no la necesitaban o era insuficiente para generar riquezas. Hacer dinero con el dinero mismo tal vez no sea muy distinto de hacer noticias de las mismas noticias, sin necesidad de “tanta realidad noticiable”. Hacer que la noticia sea considerada realidad. Al revés de lo que debería ser.
Para resumirlo:
tenemos la realidad que los medios necesitan tener.